Hoy, paseando por esta ciudad, hemos entrado en una especie
de bazar y entre discos de los beatles, orinales de porcelana, muebles caducos,
hormas de zapato y símbolos patrios, mi prójimo ha arqueado una ceja, y me ha
dicho: Tengo algo para tí. Me ha pedido el dinero y ha pagado el objeto en
cuestión: una agenda.

Una agenda que no era ni una moleskine y ni tan siquiera un vintage de vuiton,
una agenda tan pequeña como mi dedo índice. Una agenda que tiene los días en
polaco y está totalmente escrita, en una letra que cómo el tiempo...se ha ido
desvaneciendo.

Pero es la agenda.

Una agenda especial y única,una agenda que guarda teléfonos y direcciones tan
dispares como los de Cantinflas, Diego Rivera, Frida Kahlo, sindicatos, dentistas y
demás . Una agenda que esconde la vida de una persona durante un año:1940. Una
agenda que puede ser una novela. Una agenda diminuta, medio borrada, medio
desgastada por el paso del tiempo, que guarda parte de un pasado y de una
historia, una agenda que sobre todo mantiene vivo aquel presente y que yo, la
tengo en mis manos.